jueves, 15 de octubre de 2015

Ahorro Energético en los edificios

En los últimos tiempos, y gracias a los continuos avances y la madurez de la tecnología, asistimos a una creciente visibilidad de las fuentes de energía renovables, hasta el punto de convertirse en alternativas viables para abastecer, por si solas, el consumo energético de nuestras viviendas (Al menos lo eran hasta la implantación de algunas incomprensibles iniciativas del gobierno que parece decidido a proteger los intereses del lobby energético en vez de mirar por el interés de los ciudadanos).

Pero es en estos momentos, cuando parece que se está librando una guerra mediática en el ámbito de los sistemas de generación, almacenamiento y distribución de la energía que consumimos en nuestros hogares, cuando es más conveniente que nunca recordar que la mejor inversión para el ahorro energético en los edificios es reducir su demanda de energía actuando sobre su envolvente.

Con esta afirmación no es nuestra intención menospreciar o negar el auténtico salto adelante que suponen los continuos avances de la energía fotovoltaica, las mejoras de los sistemas geotérmicos o la energía micro-eólica para su uso directo en viviendas, así como de los sistemas de almacenamiento (tan necesarios para garantizar el autoabastecimiento energético). Sistemas que, aplicados al consumo de los edificios, son capaces de promover alternativas sostenibles a la conexión tradicional a la red basados en un consumo responsable y ecológico.

Pero si queremos enfocar el asunto desde todos los puntos de vista y teniendo en cuenta que muchos de los sistemas activos que hemos mencionado requieren una gran inversión inicial y largos periodos de tiempo para su completa amortización (sin entrar en el baile de cambios legislativos que, a día de hoy, pueden hacer o no rentables estas opciones) debemos preguntarnos: ¿Cuál es la fuente de energía más barata, ecológica, segura y que no requiere mantenimiento? La respuesta es sencilla, el ahorro energético.

Un edificio con la envolvente exterior bien aislada, sin puentes térmicos ni pérdidas, con ventanas de calidad y una buena orientación para captar la energía del sol, va a necesitar el apoyo de sistemas activos muy ajustados y poco complejos que en el mejor de los casos pueden ser resueltos mediante el uso de energías renovables.
Así, si una vivienda está diseñada para no necesitar un gran consumo de energía, entonces la elección del tipo de sistema de calefacción y producción de A.C.S. es mucho más sencillo ¡y más asequible! además de que al invertir en la envolvente de los edificios conseguimos resultados no sólo a nivel energético, sino también conseguimos viviendas mucho más confortables y saludables para sus habitantes (que es todavía más importante).
Todo esto es posible gracias a una construcción de calidad y responsable que no tiene por qué suponer un gasto añadido a los costes de la construcción tradicional.

El ahorro energético es un esfuerzo de largo recorrido que debe comenzar con la primera línea de los bocetos preliminares del arquitecto (o con un buen plan global de actuación en los casos de rehabilitación energética), adecuándose al emplazamiento (solar o parcela elegida), a la orientación y los condicionantes del lugar, al tipo de construcción, la elección de los sistemas activos, etc… sin olvidar a los propios usuarios; continuar en la fase de construcción con un control riguroso de la ejecución por parte de los técnicos, para acabar en la entrega de un adecuado plan de uso y mantenimiento del conjunto del edificio.

El papel de las instalaciones térmicas es proveer de energía a los edificios de manera eficiente (y a ser posible de manera responsable con el medio ambiente) pero si el edificio tiene una demanda muy pequeña esto significa que los sistemas elegidos pueden ser mucho más sencillos y adaptables.
Desde este punto de vista, un paso más allá en la eficiencia energética de los edificios es el estándar Passive House que propone edificios con un muy bajo consumo energético (garantizando un elevado nivel de confort y de calidad del aire interior) lo que provoca que los requerimientos de sistemas activos sean casi irrelevantes y por lo tanto muy fáciles de asumir mediante el uso de energía de fuentes renovables.

Desde el punto de vista de los costes es siempre más rentable invertir en mejorar la envolvente de las viviendas (para reducir su consumo energético) que confiar en resolver las altas demandas de energía mediante sistemas activos super-eficientes ya que primero, no estamos actuando sobre el origen del problema y segundo, los costes asociados a la energía siempre van en aumento (incrementando la llamada hipoteca energética).
Por último conviene recordar que un edificio poco eficiente requiere de un mantenimiento más costoso (renovación de los acabados interiores, reparaciones de patologías de la envolvente por la existencia de mohos y condensaciones, etc…) y que unas instalaciones más complejas y de mayores dimensiones requieren, a su vez, un mayor y más complejo mantenimiento lo que se traduce también en un aumento de costes.

¿Sólo para viviendas?
El estándar Passive House no se aplica sólo en viviendas sino que extiende sus prescripciones a cualquier edificio de nueva construcción, e incluso a la rehabilitación de edificios (sean o no viviendas) mediante el certificado EnerPHit, cuyos requisitos son un poco menos exigentes para facilitar la transformación del edificio existente en un nuevo edificio de consumo casi nulo.

Nota:
Este artículo trata principalmente sobre la realidad de los edificios residenciales, donde la mayor parte de la demanda de energía viene determinada por la calefacción (en régimen de invierno). En la mayoría de estos casos, con ganancias internas relativamente bajas y la posibilidad de un buen aprovechamiento de las ganancias solares se hace prioritario invertir en mejorar la envolvente de la vivienda para asegurar el confort interior.

En otros tipos de edificios, como los comerciales o los edificios administrativos, donde existe una gran variedad de condicionantes y donde la contribución interna (ganancias internas de calor por maquinaria, equipos electrónicos, iluminación, acumulación de personas, etc…) es muy variable se hace necesario el desarrollo de un análisis (dinámico) más pormenorizado para determinar la mejor estrategia de ahorro energético.

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