En
los últimos tiempos, y gracias a los continuos avances y la madurez de la
tecnología, asistimos a una creciente visibilidad de las fuentes de energía
renovables, hasta el punto de convertirse en alternativas viables para abastecer,
por si solas, el consumo energético de nuestras viviendas (Al menos lo eran
hasta la implantación de algunas incomprensibles iniciativas del gobierno que
parece decidido a proteger los intereses del lobby energético en vez de mirar
por el interés de los ciudadanos).
Pero
es en estos momentos, cuando parece que se está librando una guerra mediática
en el ámbito de los sistemas de generación, almacenamiento y distribución de la
energía que consumimos en nuestros hogares, cuando es más conveniente que nunca
recordar que la mejor inversión para el ahorro energético en los edificios es reducir
su demanda de energía actuando sobre su envolvente.
